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lunes, 29 de noviembre de 2010

República sin ciudadanos



Es claro que para el estado peruano las personas procedentes de "ciertos" lugares, étnias y niveles económicos se convierten en ciudadanos de segunda clase. A estos, la administración pública ignora ya que carecen de poder o influencia alguna.

Claramente, el terrorismo no se hubiera propagado y solidificado si el gobierno hubiera tomado en serio lo que pasaba lejos de Lima.  Pero, a ser violencia contra el grupo analfabeto, inferior y menospreciado, pareciése que no pasara nada.

Galindo explica que la tradición autoritaria en la época de la república se consolido a través de la recomposición de la clase alta, numéricamente reducida y en cierta manera extranjera o demasiado europea para un país cuya población mayoritaria era indígena.  En el presente, es la misma característica de los dueños de las pocas grandes emrpesas peruanas por lo que la condición natural de las razas sigue presente aunque menos descarado.

Si al gobierno le interesa mantener buenas relaciones con los demás grupos de poder, entonces no tendría que preocuparse por lo que pasa con las personas sin poder y "perder el tiempo con ellas". Pareciera que esa fue la mentalidad de los gobiernos en los inicios del terrorismo, por lo que si no se hubiera tomado en serio este problema desde el comienzo.

República sin ciudadanos



“Y estos indios a quienes llamamos ciudadanos, ¿de qué servirán a la república?”  (Tavara 1856:20)  Si bien esta frase pertenece a un pensador del siglo XIX, al observar esta foto parece  ser una idea demasiado cercana.
En su texto, Flores Galindo, explica que en la época de la colonia se homogenizó a los que pertenecían a diversos grupos étnicos como los quechuas, aymaras, chocorvos, chachapoyas, chancas, y optaron por llamar a todos “indios”.
De la misma manera, la sociedad actual heredó esta forma de concebir a todas las personas oriundas de la sierra y amazonía como personas ignorantes, analfabetas y escasas. Y por ende, pensar en qué tan útil pueden ser ellos para la formación de leyes y administrar el estado, no está tan lejano del pensamiento de dos siglos pasados.
Cuando se infunden prejuicios como éste, se justifica el desprecio hacia ellos y la ideología de que son una raza inferior a la “nuestra”.  Cuando la verdadera razón para no haber logrado el mismo desarrollo y éxito profesional se debe a que el abandono del estado dificulta un desarrollo parejo.
No obstante, la actitud que tomaron al realizar actos de violencia no debería estar justificada como tampoco la creencia común de los años 80 de que toda persona procedente de zona rural era terrorista potencial. Homogenizar y relacionar: indio-terrorista logra que se justifique nuevamente varios aspectos negativos a cierta raza y desprestigiarla, darles la condición de ciudadanos desdeñables. Para así, cometer abusos respaldados y negar derechos cuando en muchos casos había personas inocentes o que ya se habían rendido.

República sin ciudadanos


Para muchos, la parte pasiva e inerte de la sociedad está representada en esta imagen. En el texto de Flores Galindo se citan frases de Sebastián Lorente (1879) en donde se describen a los indios como seres que yacen en la ignorancia, cobardes e indolentes que vegetan en la miseria. Si bien estas características negativas infundadas por la sociedad aristocrática peruana pueden parecer precarias, no está distante el desprestigio social que en la actualidad aflige a estas etnias.
Estos prejuicios infundados y la paulatina transformación de Lima y los puertos en el eje económico, desplaza a la sierra de la atención del estado hacia las zonas rurales. Dejándolas en el abandono y carentes de servicios básicos, educación y salud que les permita un desarrollo igualitario al de una sociedad limeña muy privilegiada.
El sentimiento de una desigualdad en condiciones para el progreso y derechos, legitimó un reclamo fundado en violencia para lograr una igualdad inexistente. “La guerra de guerrillas” proclamada por Sendero Luminoso tuvo los suficientes simpatizantes para lograr el terror por 2 décadas en nuestro país.